—No es necesario, —, dijo Nicolás, abriendo suavemente el grifo.
Al escuchar el sonido del agua caer, Herman se quedó preocupado esperando en la puerta.
No fue sino hasta que el sonido del agua cesó que Nicolás salió del baño, y el sonido de mover el taburete se escuchó desde adentro. Herman golpeó con delicadeza la puerta de nuevo: —¿Puedo entrar?
—Pasa.
Herman abrió la puerta y vio al niño envuelto en una toalla con capucha de osito, con un gorro de osito en la cabeza. Aunque su rostro par