Isabella se acercó y acarició con ternura la cabeza de Gabriela.
Gabriela agarró el dedo índice de Isabella y señaló la peonía en el alto macetero, diciendo con una suave sonrisa: —¡Mami, seguro que a la tía le encantaría ver esta flor tan bonita!
—Señor, ¿esta planta está a la venta? — preguntó Isabella con una sonrisa ligera.
El anciano miró a Isabella y le respondió con una sonrisa muy amable: —¿Conoces esta flor? ¿O solo quieres comprarla para que jueguen los niños en casa? Esta flor no es m