Si algo he aprendido durante estas últimas semanas es que cuando la situación se complica, una no debe suplicar. Los miedos se guardan en pausa porque no llevan a sitio alguno. De mí se dirá cualquier cosa, menos que he bajado la cabeza.
—¡Sujétenla!
La Anaconda Venenosa me señala con el dedo.
—Creo que se te está yendo la cabeza, Sabrina. —Le aconseja el médico.
Él se lleva la mano al sitio afectado y habla con un hilo de voz, pero no se queda callado.
Ella hace caso omiso de sus palabras.