Nunca los chicos se habían despertado tan temprano y voluntariamente, pero ese día la algarabía de sus hermanos despertó a Bárbara, quien había logrado conciliar el sueño hasta muy tarde. Y lamentó haber aceptado el paseo con Arturo, porque los chicos entraron en tropel al cuarto para despertarla.
— ¡Levántate Bárbara, vamos a llegar tarde! — se quejó Dani, a quien siempre utilizaban sus hermanos cuando había que decirles algo a Bárbara y los mayores no se atrevían. La pequeña Dani lograba