Instantes después Lu abrió sus ojos, se sentó de golpe, frunció el ceño todo le daba vueltas, pero la opresión y la angustia en su pecho era más grande, se encontraba confundida, alterada.
—¡Emiliano! —exclamó sollozando—, él nos va a proteger, siempre lo hace —empezó a decir, abrazando sus piernas, balanceándose. —¡NO! —gritó—, él también está en peligro, hay que avisarle —suplicó.
Juan Miguel sintió en ese momento que el corazón se le fragmentaba en miles de pedazos, la garganta se le secó,