Las chicas asintieron, no tenían otra salida más que confiar en Dios, para las que eran creyentes y en Luciana todas.
—Escuchen bien, debemos guardar los cubiertos de plástico que nos dejan en las comidas, sé que no son de mucha ayuda, pero podemos picarles los ojos con los cuchillos, comprendan que cualquier cosa nos puede servir como arma —susurró.
Entonces las muchachas luego de alimentarse, y como Lu ordenó no todas guardaron los cuchillos, para no levantar sospechas.
—Intentemos dormir, re