—¿Por qué no llega mamá? —preguntó Dafne frunciendo el ceño.
—Ya tenemos hambre papá —avisó Mike.
Miguel sintió que el corazón se le rompía en miles de pedazos, miró los inocentes rostros de sus hijos, y sus ojos expectantes, esperando una respuesta, la garganta se le secó.
—¿Pasa algo? —indagó Mike, arqueó una de sus cejas.
Miguel los tomó de las manos a ambos, los llevó a la sala y se sentó con ellos.
—Niños…—La voz le tembló—, su mamá, está desaparecida.
Los tiernos corazones de los ni