Amarte es mi condena. Cap. 21: ¡Haré justicia!
Arismendi sabía que no podía ponerse a pelear, que seguramente su cabeza ya tenía un precio, y aunque ahora su corazón estaba roto, no deseaba morir, no hasta vengarse y ver a María Joaquina Duque destruida, tal como ella lo hizo con él.
—Así es, todos cuando caemos en este lugar, nos volvemos iguales, o hasta peores —musitó. —¿Cuánto por darme seguridad?
El hombre mostró su amarillenta dentadura.
—¿Cómo sabe qué no me pagaron para darle su buena bienvenida? —musitó—, aunque motivos para ve