Han pasado tres semanas y por fin conseguí un lugar donde vivir y un trabajo como asistente en una empresa de marketing. Mi jefe se llama Alejandro y es un hombre de unos 40 años que me trata como si fuera su hija. De Max aún no arreglamos nada. Él ha intentado acercarse a mí, pero yo no se lo permito. Con mi princesa todo va bien; procuro ir todos los días a visitarla y estoy muy feliz porque Max dijo que en un mes volveré a tener su custodia, así que podré volver a vivir con ella.
Son las 7, a