Siento un fuerte olor a alcohol y abro los ojos para encontrar a Casandra aplicándome un algodón en la nariz.
—Eileen, ¿estás bien? —pregunta con preocupación.
—¿Qué me pasó? —mi voz sale temblorosa.
—No lo sé, te desmayaste al ver la carta.
Recuerdo lo sucedido y me levanto con cuidado, sentándome en el sillón.
Tomo la carta que ha caído al suelo y empiezo a leer:
“Usted está cordialmente invitado a la boda del señor Adrien Giordano y la señorita Citlali Brown.
La ceremonia se ll