Leus descendió los dos escalones que había subido, quedando a la altura del anciano. La armadura dorada emitió un zumbido sordo, sintonizándose con el pulso magnético que ya sacudía el subsuelo del Tíbet.
Saturar el enmallado de la Tierra con las ondas de las antenas HAARP no es para ocultar a los viajeros del cielo... es para impedir que estos cuatro mensajeros despierten. Si las frecuencias de adormecimiento cerebral logran borrar de forma definitiva esos vagos recuerdos de sus vidas pasadas,