Dentro de la tienda de campaña en El Cairo, la vibración del suelo se convirtió en un zumbido metálico de alta frecuencia. Las computadoras portátiles conectadas a las antenas satelitales del gran vehículo exterior estallaron en una secuencia de pantallas azules, mostrando la misma pulsación continua que los analistas habían impreso minutos antes. Elius, cuya vestimenta blanca parecía destellar bajo la luz de las lámparas, apretó los puños mientras su rostro gélido se desfiguraba por la ira.
Él