Sienna
La voz de papá subió por las escaleras, firme y aguda.
"¡Sienna! ¡Jaxon! Abajo. Ahora."
Luego bajó las escaleras de regreso a la sala de estar.
Ambos nos congelamos. Mi estómago se apretó. La forma en que nos llamó no era casual. Me miré al espejo, me alisí el pelo rápidamente y salí corriendo de mi habitación.
Jaxon ya estaba en la cima de las escaleras, con la mandíbula tensa. Intercambiamos una mirada, de esas silenciosas de ¿qué hicimos esta vez?, antes de bajar.
Cuando llegamos a la