—Estoy nerviosa—confesé lo obvio.
—Estarás bien. Primero subirán a declarar dos personas y luego vendrás tú.
—¿No entrarán verdad?—le pregunté a Mike.
—No. Rámses fue él que más refunfuñó pero lo aceptó. Yo estaré allí contigo. Nadie más.
—¿Y Gabriel?
—Tampoco estará. Solo estaremos presentes tus abogados, ninguno de los pasantes.
—Gracias.
Estaba tan nerviosa que mordisqueaba la piel alrededor de las uñas, un habito espantoso que había dejado atrás hace mucho tiempo, para ser exacta, cuando co