CAPITULO 27. No seré quien corte tus alas
—¿Tú qué?—dijimos al unísono.
No era horror, era sorpresa.
—Bajen la voz ¿quieren? Estamos en un hospital—Hayden nos lo recordó.
—¿Tienes un hijo?—Rámses le reprochó.
—Si y ya les contaremos todo, pero este no es el lugar ni el momento. Vamos a la camioneta—nos instó Mike.
Comenzamos a salir del hospital, los hermanos no le quitaban la vista de encima al chico en la silla de ruedas, detecté un dejo de preocupación, curiosidad y quizás hasta celos. O quizás estaba haciendo transferencia de mis p