CAPITULO 28. Testigos
El día del juicio llegó y yo estaba en el baño encerrada, muerta de nervios, creyendo que vomitaría todo lo que comí en estos días.
—Vamos, bombón, abre la puerta.
Las arcadas no desaparecían y cuando volví a sentir la necesidad de vaciar mi estomago, la puerta de mi habitación se abrió y Rámses entró. Me sujetó el cabello y acarició mi espalda mientras el poco aire que tenía abandonaba mi cuerpo.
No tenía nada que vomitar, pero las nauseas y las arcaras eran reales.
—Vamos, bombón, no tienes n