Capítulo 90. Las burlas de Julian
—No digas ni una sola palabra, Julian, o me aseguraré de que regreses a la prisión de París dentro de un ataúd —espetó Dominic Moretti, con una frialdad más cortante que el viento nocturno de Sicilia que cala hasta los huesos.
Salió al balcón de mármol con un movimiento inestable; su camisa blanca ya no estaba abotonada, dejando el pecho expuesto al aire salino de la noche.
Su cabello, normalmente impecable, estaba ahora desordenado y aún ligeramente húmedo por el agua helada. Se aferró a la ba