Capítulo 91. Una razón imposible de rechazar
—No estoy aquí por ti, Moretti. Estoy aquí por el niño que me llama tío.
Julian Valenti pronunció aquella frase con tono relajado mientras daba un sorbo a su café negro. Estaba sentado con las piernas cruzadas en una silla de teca tallada que, en teoría, estaba reservada para invitados de honor.
Dominic Moretti permanecía de pie al extremo de la mesa, con la mandíbula tan tensa que las venas de su cuello sobresalían. El comedor de la mansión Moretti, normalmente cálido por la luz del sol matuti