Capítulo 80. El final de Silas
—No le pidas perdón a Dios, Silas, porque hoy yo soy tu Dios.
Dominic pronunció aquellas palabras con un tono frío que envolvió la plataforma del helicóptero en la cima de la instalación. Su voz no se alzó, pero su vibración era capaz de congelar la sangre de cualquiera que la oyera. Permanecía erguido en medio del azote de la tormenta de nieve que comenzaba a desatarse, apuntando el cañón de su rifle directamente al corazón de Silas.
La luz de los reflectores de la torre de vigilancia que aún