Capítulo 72. El tío Julian
Avery estaba sentada al borde de la cama. Con una mano, acariciaba suavemente la espalda de su hijo, que subía y bajaba con la respiración agitada; con la otra, sostenía con firmeza los pequeños dedos de Leo, fríos por el miedo. Su rostro estaba pálido, sus ojos hinchados, pero aun así intentaba sonreír cada vez que Leo alzaba la mirada en busca de seguridad.
—Ya pasó, cariño. No hay nada. Mamá está aquí —susurró Avery con voz ronca, esforzándose por mantenerla suave.
Justo frente a la ventana