Capítulo 55. Derrumbe
—¿Crees que estoy ciego, Ava? ¿Crees que dejaré que una rata como tú devore mi fortuna sin vigilancia? —espetó Julian, rompiendo el silencio del pasillo del apartamento, mientras sus dedos fríos se clavaban en la mandíbula de Avery con una fuerza dolorosa.
La obligó a alzar la cabeza hasta que no tuvo más opción que mirarlo a los ojos. En la otra mano, Julian jugueteaba con la caja de terciopelo azul de Dominic. Hacía girar el anillo de diamantes en su interior como si fuera un trofeo de guerra