Capítulo 37. El otro lado de Dominic
Avery estaba de pie junto a la ventana de su apartamento, con los dedos presionando el vidrio frío que vibraba violentamente bajo el embate del viento. Los relámpagos caían uno tras otro, iluminando la habitación por un instante antes de que la oscuridad volviera a devorarlo todo.
Julian seguía sentado en el sofá de la sala. Tenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono, completamente apagado, y de vez en cuando presionaba el botón de encendido con un gesto desesperado, como si así pudiera