Capítulo 24. El espectáculo en Avenue Hoche
La puerta del despacho se abrió sin llamar. El golpe seco anunció cómo la pesada madera de teca chocaba contra la pared, y Ava supo quién había entrado sin necesidad de volverse. El embriagador aroma de la tuberosa precedía los pasos de Elena Volkov, clavándose en la nariz de Ava como un invitado no deseado que buscaba, deliberadamente, incomodar en casa ajena.
—Dom, cariño —la voz de Elena se deslizó, rompiendo el silencio que hasta entonces solo había sido ocupado por el tecleo de Ava—. ¿Tu n