Capítulo 119. El complemento de la felicidad
—Te lo juro, Avery, ¡no habrá un cuarto, quinto ni ningún otro bebé después de esto! —dijo Dominic, aún temblando violentamente mientras susurraba esas palabras.
Sus manos sujetaban los dedos fríos y pálidos de Avery como si sostuviera algo que pudiera romperse en cualquier momento. Sus rodillas ya le dolían por haber permanecido demasiado tiempo arrodillado sobre el suelo de cerámica del hospital, pero no le importaba. Sus ojos estaban enrojecidos, su nariz también, y por primera vez en su vid