Capítulo 118. Vida y muerte
—¡No dejen que se vaya, se lo suplico! ¡Hagan lo que sea para salvarla!
Dominic rugió frente a la puerta herméticamente cerrada del quirófano; su voz ronca sacudió el pasillo del hospital. Sus manos se crisparon, su pecho subía y bajaba sin control, y sus ojos ardían rojos como el fuego.
Apoyó la frente contra la fría pared de porcelana; su cuerpo temblaba con violencia. Un sudor helado aún empapaba sus palmas, recuerdo del último apretón de los dedos de Avery antes de que la enfermera la lleva