Los que me habían humillado junto a Ogre palidecieron al instante, con sudor frío en la frente.
Jamás imaginaron que la "despreciable perra faldera" fuera la verdadera compañera del presidente.
En ese momento, el miedo y el arrepentimiento se extendieron.
¡Llevaba la pulsera única!
¡Yo misma había afirmado mi identidad! Su ceguera y arrogancia los condenó.
Los vi agacharse, intentando escabullirse sin llamar la atención.
Pero Lucía, amiga de Hayley, gritó abruptamente:
—Sofía, ¿dónde encontraste