Christopher
El aire en la pequeña sala de conferencias del tribunal se siente denso y la tensión es un hilo a punto de reventar. A mi lado, Alana permanece en silencio, con la espalda rígida y las manos entrelazadas sobre su regazo. Le pongo una mano sobre el muslo para transmitirle una tranquilidad que yo mismo estoy luchando por mantener.
Suelo estar en este tipo de salas casi todo el tiempo. Conozco el olor, la iluminación fría, la dinámica exacta de estas cuatro paredes. Pero usualmente es