Christopher
—¡Papá!
Ambos nos sobresaltamos y dirigimos la mirada hacia la puerta de inmediato. En el umbral destacan las dos siluetas pequeñas: Marjorie y Vivian vienen tomadas de la mano, con sus pijamas puestas.
—Nenas, ¿qué pasó?
Alana limpia el rastro de lágrimas de sus mejillas y se desliza de mis brazos hasta arrodillarse a la altura de las niñas. Camino tras sus pasos, posicionándome justo detrás de ella.
—¿Qué tienen?
—Los extrañamos mucho —admite Marjorie en voz baja, arrastrando los