Christopher.
Odio los hospitales. Los odio con cada fibra de mi ser. Estar sentado en esta sala de espera, con el frío calándome los huesos, es una maldita tortura que me arrastra de golpe al peor momento de mi pasado. Cada vez que cierro los ojos, el recuerdo de Elodie regresa para atormentarme, mezclándose con la imagen reciente de Alana, pálida e inerte sobre la hierba del bosque.
Me paso las manos heridas y temblorosas por el rostro, incapaz de quedarme quieto. A unos metros, el resto inte