Odette me miraba como si quisiera matarme. Cada músculo de su rostro temblaba por el esfuerzo de contenerse.
Me levanté apresuradamente, intentando explicar lo que había sucedido, pero no me dejó terminar: simplemente señaló la puerta con esa mirada fría que me atravesaba.
Salí de la habitación con el corazón acelerado. Sabía que debía irme de allí, pero la curiosidad me retuvo. Apoyé el oído contra la puerta, con el pecho latiendo con fuerza.
Al otro lado, Odette hablaba con James. Su voz sonaba dulce, ensayada, intentando convencerlo de tomarse unos días libres en un resort. Decía que el descanso le haría bien, que un nuevo entorno lo inspiraría a crear joyas aún más hermosas.
Al principio, James parecía reacio, pero poco a poco su tono cambió… hasta que, finalmente, cedió.
Escuché pasos acercándose. El miedo me hizo retroceder. Corrí hacia la habitación de Claire y entré sin hacer ruido.
Pocos segundos después, Odette apareció en la puerta.
—Oh, pequeñita, ven aquí —dijo con