—Te estoy llamando porque necesitaba hablar directamente contigo.
—Yo...
—Sabes que debemos hablar.
—Este no es el momento. Es demasiado tarde.
—Si escogiera otro momento, jamás tendría la oportunidad.
—Eso es una mentira.
—¿Mentira? Sabes que tenemos una conversación pendiente, tú y yo. Lo sabes.
El acento francés fue severo, austero y casi frío. Eso fue lo que Alessa escuchó al otro lado de la línea cuando contestó el teléfono a esas horas de la madrugada. Según el reloj digital en la pared d