51| Alex.
Con las manos aún temblorosas, tomé el teléfono de mi hermano. No quería arriesgarme a que tal vez el mío estuviese rastreado por los secuestradores. Busqué en mis contactos y, cuando marqué el número, suspiré profundamente.
— Soy Alexander Idilio — le dije al hombre cuando contestó al otro lado.
— Pero mira nada más... Después del último favor que te hice, pensé que jamás volverías a buscarme.
— Si esto no fuera de vida o muerte, no te buscaría — le dije con un poco de impaciencia.
John, en