Cuando Alexander cerró la puerta con fuerza, todos los que estábamos dentro de la sala nos quedamos en silencio un largo minuto.
—No debieron empezar por ahí —dijo Xavier—. ¿Cómo se les ocurrió que podríamos pensar siquiera en quitarle el mandato de mi hermano de la naviera? —me preguntó directamente a mí, seguramente porque yo era la que más conocía a Alexander.
Pero fue Federico quien tomó la palabra:
—Porque no es tan gran empresario como presume.
Xavier alzó las cejas.
—¿Y por qué dices eso