Rubí tenía en su casa ropa. Paloma, sinceramente, se preguntó de dónde habría sacado todo aquello. Le ofreció unas botas de su talla, de cuero, cómodas como para correr, ropa oscura y una malla que le cubría el cabello envuelto en la parte alta de la cabeza. El frío comenzaba a asentarse en el barrio; la niebla baja descendía desde las nubes altas de la ciudad.
Cuando cayó la noche, Cristian se preparó de la misma forma, aunque ya tenía su uniforme extraño, militar oscuro. Se quitó esa ropa y se