La parte de la mirada de la señora Azucena, que nos observaba a través del amplio ventanal del salón hacia la calle, me hizo sentir sucia frente a ella.
—Puedo ir sola, no necesito que me lleves.
Acababa de dar unos pasos cuando Alex me agarró del brazo y me lo quité de encima a toda prisa, manteniéndome a un metro de él.
—Tu madre nos estaba viendo a través del cristal, no quiero causar problemas innecesarios.
—... ¿Crees que nuestra relación es un problema?
Se acercó más y yo retrocedí.
—¿Te