Yeison se abalanzó sobre mí y enterró su cara en mi pecho, y yo lo abracé de vuelta. Estábamos arrodillados en el suelo. Alexander estaba de pie con el arma que su padre le había dado, sosteniéndola en el pecho.
Los cuerpos de Máximo y de Alfredo yacían en el suelo, inertes. Yo me sentí tan mal, me sentí sucia. Entonces me aferré a la espalda de Yeison con fuerza mientras él gimoteaba en mi pecho.
No me imaginaba cómo se estaría sintiendo el muchacho. Yeison había metido a Alfredo en todo este