Paloma se sentía tan cansada que quiso haberse quedado en la cama por una semana entera.
Todo el cuerpo le dolía cuando la alarma la despertó en la mañana. Con el cuerpo entumecido y los párpados caídos, le ardía la garganta, le dolía el vientre, como si alguien le hubiese dado un puñetazo. Probablemente alguien lo hizo.
Imaginó que debió haber ido al médico porque la habían drogado para dejarla inconsciente, pero se sentía bien en lo que cabía, y de no ser por la promesa que le había hecho a Y