A la mañana siguiente, Jasha volvió a sentir un dedo solitario rozar su pecho, haciéndolo gemir. La promesa en esa indirecta burlona lo puso rígido instantáneamente.
La mayoría de sus días comenzaban y terminaban con la misma rutina. Aun que, rutina, estaba lejos de ser la palabra correcta, los procedimientos estaban lejos de ser rutinarios.
Cada mañana y cada noche era una aventura nueva, única y emocionante mientras exploraba nuevas formas de complacer y adorar a su novia.
Nadine se rió de su