La dama entra como si esta fuera su propia oficina, no le permito que se acerque a mí y por precaución llamo a seguridad para que la vengan a sacar, no quisiera hacerle daño a la madre de la que por muchos años fue mi mejor amiga.
—¡Señora! —mencioné, mostrándome tranquilo.
—¡Sabías que ella estaba enamorada de ti y le destrozaste el corazón hasta matarla! —reclama.
—No, señora, yo no tengo la culpa de nada. Su hija quiso hacer daño a mi novia, y, un desconocido hasta ahora, interfirió en sus p