Adam lo notó porque ella estaba un poco más baja de estatura que al principio, le gustaba su estatura, se asomó debajo de su vestido observando los diminutos dedos, sus uñas estaban pintadas de esmalte blanco y tenía unos pequeños emojis en el centro. Él sonrió burlándose de eso, era una mujer extraña.
Ella solo asentía a la gente agradeciendo, no conocía a nadie. Adam le susurro. “No te preocupes. Yo tampoco los conozco, son invitados de mi abuelo”.
Ella miró a Adam y sonrió. “Ok”. Se alegró