DAMIÁN
Nunca pensé que mi abuelo y mi padre fueran santos o un ejemplo a seguir; siempre supe que tenían sus secretos, pero nunca a este extremo. Han pasado unos días desde que me enteré de aquella verdad que por años desconocía.
—Es imposible, me estás mintiendo, mi abuelo no puede ser ese monstruo que tú dices. —No me cabe en la cabeza que haya cometido semejante crimen tan atroz y asqueroso.
—Puedes comprobar que no te miento, yo lo llegué a denunciar, pero la desestimaron por el poder que tenían los Harper y en eso sabes que no miento, yo pelee tu custodia, pero la perdí, me pusieron una orden de alejamiento porque todo el tiempo iba y gritaba que regresaras con mamá, fui a parar un par de noches a la carceleta por incumplir esa orden, todo debe estar ahí en los juzgados, empolvándose en un algún folder viejo, yo no me rendí te juro mi cielo, que yo luche con uñas y dientes por ti, por recuperarte, pero no pude, era como David versus Goliat, hasta que un día ustedes simplemente se