10. EL HOMBRE EQUIVOCADO II
Punto de vista de Camille.
—¿Otra vez se va, señora Camille? —La niñera intentó sonar respetuosa.
Pero yo apenas levanté la mirada.
—Sí.
—Leo necesita pasar más tiempo con usted, creo que…
—Tiene niñera, ¿no?
La mujer pareció ofendida.
Perfecto, porque en verdad empezaba a cansarme de todo aquello.
De los horarios, de los llantos del mocoso, de las aburridas responsabilidades de ser mamá, de aparentar que amaba ser mamá. Pero definitivamente yo no nací para cuidar niños. Nací para algo mucho má