CAPÍTULO XIV

Camil lucia como una diosa de piel tostada y ojos color avellana que lo miraban, pero de pronto no entendía ella empezaba a reír a carcajadas hasta agarrase el estómago.

—Tranquilo señor de la fuente, que este no es mi traje bueno si lo es, pero tampoco voy a dejarme tan expuesta — Para luego sacar una camiseta como las que usan los buzos.

«Me cree usted exhibicionista o loca para andar dá
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