Una vez que ya nos arreglamos la ropa, Carlo miró su reloj, mirandome a mí después.
—- Me marcho, Angela me está esperando para almorzar con ella, ah por cierto Gabi, una vez que termines con lo que estabas haciendo,, puedes marcharte a casa, aquí en el almacén hay tanto trabajo que no hay horarios, adios preciosa —- me dijo sonriendo.
Muy dolida y enfadada segui con mi carro guardando las cosas que dentro había, estornudando sin cesar por la cantidad de polvo que había pero eso no me limitó el