ERIC
Unas palmadas caen en mi hombro, pero no me muevo.
Mi cabeza cae hacia delante siendo afirmada por mis manos, los codos los tengo apoyados en mis rodillas y mis ojos se han mantenidos fijos en la mancha de seguramente tierra en el suelo entre mis pies.
El olor a medicamento y antisépticos tiene nublado mi juicio, detesto el olor, siempre lo he hecho al igual que detesto el color blanco que cubre todas las superficies de los hospitales.
–Ella estará bien hijo –la voz de mi padre llega a