Ezio dejó a un lado la revista de salud que estaba leyendo y miró la pantalla de su celular que había comenzado a sonar.
El identificador de llamadas le mostró el nombre de Giovanni, uno de los dueños de la compañía de seguridad que protegía a la familia de su hermana, así como a la de sus amigos. Solo había una razón posible por la que él podría estarle llamando.
Se levantó del sillón y se alejó un poco antes de hablar.
—Giovanni —saludó—. ¿Tienes la información que te pedí?
—Sí —respondió