Mundo ficciónIniciar sesiónLlevábamos un tiempo de descanso, pero el último mes habíamos retomado los ensayos con una intensidad brutal. Estábamos preparando el nuevo disco y, con él, una serie de conciertos que serían los últimos antes del receso obligatorio por el servicio militar.
Un servicio que habíamos pospuesto durante años.
Pero el tiempo se había agotado.
Ante la negativa definitiva del gobierno a concedernos la exoneración, no quedaba alternativa: debíamos cumplir. El año siguiente comenzaríamos a enlistarnos de forma escalonada. Al principio, la idea había sido hacerlo todos juntos, pero un año y medio fuera de la industria era demasiado. Aun así, lo que realmente nos hizo cambiar de opinión fueron los mensajes de nuestros fans.
Miles de mensajes.
Cartas, publicaciones, videos. Personas llorando, agradeciendo, pidiendo que no desapareciéramos por completo. Que no los dejáramos solos. Así que revisamos la decisión. Haríamos el servicio de forma escalonada. Siempre habría al menos más de un integrante activo, creando contenido, sosteniendo el vínculo, preparando el terreno para el regreso.
Nosotros no éramos solo un grupo.
Éramos familia.
Nos habíamos criado juntos. Más de diez años conviviendo, compartiendo todo. Si bien cada uno tenía padres, hermanos, parientes, nuestra verdadera familia éramos esos ocho. Los años duros, el esfuerzo, el cansancio, la presión… todo lo habíamos atravesado juntos.
Por eso ese disco y, sobre todo, esos conciertos, tenían que ser memorables.
Estábamos dispuestos a dejar la piel.
Ensayábamos entre doce y catorce horas diarias, los siete días de la semana.
—Creo que por hoy será todo —dijo Dae-su, dejándose caer en el piso, completamente agotado.
—Sí —respondí—. Será mejor continuar mañana. Ya casi no puedo ni respirar.
—Seguimos siendo jóvenes —agregó Nam-seok riendo—, pero no tanto como para no sentir estas catorce horas casi sin parar.
Reí con ellos. Tomé una toalla y me sequé el rostro y el cuello empapados de sudor. Guardé mis cosas y salí del gimnasio con la cabeza pesada, el cuerpo tenso y la mente saturada.
Di unos pasos y entonces lo vi.
Carlos era empujado por una joven con tanta fuerza que estuvo a punto de caer al suelo.
Aceleré el paso por reflejo, dispuesto a intervenir, pero cuando reconocí a la chica, me detuve en seco.
Era ella.
La joven que había visto meses atrás en las oficinas.
Reí, pero no por diversión, sino por puro nerviosismo. Me incliné para saludar, esperando que, como la última vez, agitara la mano. En cambio, hizo una reverencia impecable, profunda, respetuosa.
Eso me agradó más de lo que debería.
Le pregunté a Carlos si estaba bien y seguí mi camino.
Ella me provocaba cosas que no entendía. Sensaciones incómodas, inesperadas. Y era inútil dejar que eso avanzara, porque no llevaba a ningún sitio. No podía llevarlo.
Llegué a casa y me di un baño largo, intentando que el agua caliente arrastrara el cansancio y las ideas que no quería pensar. Pero el sueño no llegó. El cuerpo estaba exhausto, pero la mente seguía activa.
Así que salí a caminar.
No sé en qué momento perdí la noción del rumbo. Cuando me di cuenta, estaba frente a una de las casas donde vivían miembros del staff auxiliar.
—Geon-ki, ¿qué haces tan lejos de tu casa? —me preguntó Cho al verme.
—Caminaba sin rumbo —respondí—. No puedo dormir. Supongo que son los nervios.
—¿Por qué no pasas? Vamos a ver un partido.
—Buena idea.
Entré.
Cho llevaba muchos años con nosotros. Le tenía un aprecio sincero. Con él solíamos ver partidos de fútbol y discutirlos como si nos fuera la vida en ello. Dentro estaba también Tae, otro miembro del staff. Me saludó con naturalidad.
Nos sentamos frente al televisor. Cho trajo cervezas para los tres. El resto de los residentes estaba en sus dormitorios; claramente, el fútbol no les interesaba.
Entonces, detrás de mí, desde la encimera, se escuchó un sonido seco, violento.
Vidrio rompiéndose.
Me sobresalté. Giré de inmediato.
Y allí estaba ella.
De pie, con el rostro pálido, los ojos abiertos por el susto.
Sentí cómo el corazón me daba un salto brutal en el pecho.
El destino acababa de burlarse de mí de la peor manera posible.
Había terminado en su casa sin saberlo.
Estaba a punto de quedarme dormida cuando escuché un alboroto en el área comunitaria. Varias voces hablando al mismo tiempo. Supuse que eran Cho y Tae, seguramente con algún partido de fútbol. Había una tercera voz, pero no le presté atención; a veces se sumaba alguien más.
Me dio sed.
Salí de mi dormitorio con cuidado, intentando no hacer ruido. No quería molestar. Fui directo a la cocina y tomé un vaso de la alacena.
Entonces lo escuché con claridad.
La tercera voz no era de alguien cualquiera.
Era la voz de Park Geon-ki.
Mi cuerpo se quedó rígido.
¿Qué demonios hacía mi bias sentado en el sillón de mi casa?
No tenía idea de qué relación mantenía con ellos, pero se veía cercana, cómoda, natural. Reían, conversaban como si nada.
Yo llevaba siempre el móvil en el bolsillo, con el traductor abierto. Era la única que no hablaba coreano. En ese momento, sentí que vibraba. Miré hacia abajo y vi la pantalla encenderse, lista para empezar a traducir en voz alta.
Entré en pánico.
Intenté agarrarlo rápido para apagarlo, pero el apuro me traicionó. El vaso se me resbaló de la mano y cayó dentro de la pileta, rompiéndose en mil pedazos.
El sonido fue ensordecedor.
Levanté la vista.
Geon-ki me estaba mirando directamente a los ojos.
No pensé. No respiré. No reaccioné.
Tomé un paño, recogí los restos de vidrio como pude y corrí a mi dormitorio sin decir una sola palabra.
No sabía si aquello se parecía más a una película de terror, donde el peligro avanza lentamente, o a una comedia absurda, donde estás a punto de convertirte en el centro de la broma más humillante.
Tiré el paño con los vidrios en la papelera y me dejé caer sobre la cama. Apreté el pecho con ambas manos, intentando que el corazón no se me escapara del cuerpo.
Él estaba ahí.
Ahí, en mi casa.
Su perfume quedaría flotando en el aire.
Me sentí estúpida.
Ridícula.
Si tan solo hubiera sospechado que Park Geon-ki iba a estar allí… aunque fuera un poco… me habría maquillado.
Aunque fuera solo un poco.
Se imaginan...???







