—Te juro, amor, que siempre fui fiel a ti y a nuestro matrimonio. Cuando ella me confesó que le gustaba, dejé de verla y le dejé claro que estaba casado y te amaba mucho. Ella aceptó y prometió no molestarme más. Desapareció por un tiempo y dejó de escribirme. Esa noche en el bar, me saludó diciendo que había regresado del extranjero y, por casualidad, nos encontramos.
—Al ver que estaba de mal humor, se quedó a beber conmigo, diciendo que solo éramos viejos amigos poniéndose al día. Bebí demasi