Suspiré y respondí con desánimo.
—¿Por qué cada vez que me pasa algo malo tiene que estar Sebastián cerca? ¿No puede ser otra persona la que me vea en mis peores momentos? Honestamente, cada vez que veo sus ojos fríos y llenos de desprecio, me pongo nerviosa y no puedo evitar pensar si alguna vez, cegada por mi amor por Hugo, hice algo para ofender a Sebastián.
Diana se rio.
—Entonces, ¿recuerdas haber hecho alguna tontería?
—¡Juro que no!
—Entonces, ¿por qué te pones así, como si tuvieras la co