—Has hecho un buen trabajo durante estos meses —elogió Sebastián, satisfecho con Vicente.
—Solo seguí tus instrucciones, jefe —respondió Vicente con humildad—. Tal como lo anticipaste, bastó con relajar un poco la vigilancia para que Killian mostrara su verdadera cara.
Sebastián había dejado que Killian se incriminara a sí mismo. Al darle suficiente cuerda, el gerente había acabado por colgarse solo.
—Él pensaba que, debido a su posición, yo no podría tocarlo.
—Se equivocó, jefe. Tú eres el verd